Tomar el sol puede resultar agradable y formar parte de un estilo de vida saludable, siempre que se haga con prudencia. La luz natural interviene en la regulación del sueño, favorece el estado de alerta y permite que el organismo produzca vitamina D. Sin embargo, una exposición excesiva a la radiación ultravioleta puede dañar la piel y los ojos, incluso antes de que aparezca una quemadura.
Por eso, más que intentar broncearse, lo recomendable es disfrutar del aire libre y de la luz del día adoptando medidas de protección adecuadas. En este artículo conocerás los principales beneficios de tomar el sol, cuánto tiempo conviene exponerse y cómo reducir los riesgos.
¿Cuáles son los beneficios de tomar el sol?
Conviene diferenciar la luz visible, que influye en el ritmo biológico y el estado de alerta, de la radiación ultravioleta B (UVB), que permite producir vitamina D, pero que también puede dañar las células de la piel.
Estos son los beneficios mejor reconocidos:
Favorece la producción de vitamina D
Cuando la radiación UVB llega a la piel, el organismo inicia un proceso que permite producir vitamina D. Este nutriente ayuda a absorber el calcio y el fósforo, contribuye al mantenimiento de los huesos y participa en el funcionamiento normal de los músculos y del sistema inmunitario.
No obstante, exponerse durante más tiempo no significa producir vitamina D de manera ilimitada. A partir de cierto punto, el organismo regula este proceso, mientras que el daño ocasionado por la radiación UV puede continuar acumulándose.
La cantidad de vitamina D producida depende de numerosos factores:
- Tono y características de la piel.
- Edad de la persona.
- Hora del día y estación del año.
- Latitud y altitud del lugar.
- Cantidad de piel expuesta.
- Contaminación y nubosidad.
- Uso de ropa o protector solar.
Por estas diferencias, no existe un tiempo de exposición que garantice suficiente vitamina D y sea igualmente seguro para todas las personas.
Ayuda a regular el ritmo circadiano
La exposición a la luz natural durante el día, especialmente durante la mañana, ayuda a sincronizar el reloj interno del organismo. Este reloj, conocido como ritmo circadiano, participa en la regulación del sueño, la temperatura corporal y los periodos de actividad y descanso.
Recibir luz natural al comenzar el día puede ayudar a aumentar el estado de alerta durante la mañana y facilitar que el cuerpo se prepare para dormir por la noche. Para obtener este beneficio no es necesario permanecer bajo un sol intenso ni exponer la piel sin protección: lo importante es que los ojos perciban la claridad ambiental, sin mirar directamente al sol.
Puede favorecer el ánimo y el bienestar
Salir al aire libre, caminar y recibir luz natural durante el día puede contribuir a mejorar el estado de ánimo. La luz influye en mecanismos cerebrales relacionados con la vigilia y los ciclos de sueño, mientras que la actividad física y el contacto con espacios abiertos también aportan beneficios emocionales.
Por tanto, no todo el efecto positivo procede directamente de la radiación solar. Una caminata matutina, aun utilizando sombrero y protección solar, puede favorecer el bienestar sin necesidad de buscar un bronceado.
Puede estimular la actividad física
Los días luminosos suelen facilitar actividades como caminar, correr, montar bicicleta, trabajar en el jardín o realizar ejercicios al aire libre. Estos hábitos pueden beneficiar la salud cardiovascular, el peso corporal, la musculatura y el estado de ánimo.
En este caso, el beneficio procede principalmente de mantenerse activo. La exposición solar es una circunstancia asociada y debe controlarse adecuadamente.
La radiación controlada puede utilizarse en algunas enfermedades de la piel
La fototerapia con radiación ultravioleta puede emplearse como tratamiento para ciertas enfermedades, entre ellas algunos casos de psoriasis, vitíligo o dermatitis atópica. Sin embargo, se administra con dosis controladas y bajo supervisión médica.
Tomar el sol por cuenta propia no equivale a recibir fototerapia. Una exposición inadecuada puede producir quemaduras, empeorar algunas enfermedades cutáneas o aumentar el riesgo de cáncer de piel. Tampoco se recomienda presentar el sol como tratamiento general para el acné, ya que la mejoría aparente puede ser temporal y la radiación puede causar irritación, manchas y daño cutáneo.
¿Cómo tomar el sol de manera segura?
No es necesario evitar por completo las actividades al aire libre. La clave consiste en conocer la intensidad de la radiación y evitar que la piel se queme o acumule una exposición innecesaria.
1. Consulta el índice UV
El índice ultravioleta o índice UV indica la intensidad de la radiación solar en un lugar y momento determinados. Puede consultarse en aplicaciones meteorológicas o servicios del tiempo.
La Organización Mundial de la Salud recomienda utilizar protección solar cuando el índice UV alcanza un valor de 3 o superior. Cuanto más alto sea, menor será el tiempo que la piel puede permanecer expuesta antes de sufrir daños.
No conviene guiarse únicamente por la temperatura. Puede existir una radiación UV elevada en un día fresco, ventoso o parcialmente nublado.
2. Evita las horas de mayor radiación
La radiación suele ser más intensa alrededor del mediodía. Una regla sencilla consiste en observar la sombra: si es más corta que tu estatura, la intensidad solar probablemente es alta.
Cuando sea posible, programa las actividades al aire libre para las primeras horas de la mañana o las últimas de la tarde. Esta medida reduce la exposición, aunque no elimina por completo la necesidad de protección.
3. Busca sombra
La sombra de un techo, árbol, sombrilla o toldo disminuye la radiación directa. Sin embargo, no ofrece protección completa, ya que parte de los rayos UV se dispersan en la atmósfera o se reflejan en superficies como el agua, la arena, la nieve y el concreto.
Por eso, la sombra debe combinarse con ropa apropiada, sombrero, gafas y protector solar.
4. Utiliza ropa protectora
La ropa es una de las barreras más prácticas frente a la radiación. Siempre que el clima lo permita, utiliza:
- Camisas o camisetas de manga larga.
- Pantalones o prendas que cubran buena parte de la piel.
- Tejidos tupidos que no dejen pasar fácilmente la luz.
- Ropa con factor de protección ultravioleta (UPF) si permanecerás mucho tiempo al aire libre.
- Sombrero de ala ancha que proteja rostro, orejas y cuello.
Una gorra protege principalmente la frente y parte del rostro, pero deja descubiertas las orejas y la nuca.
5. Aplica protector solar correctamente
Escoge un protector solar de amplio espectro, resistente al agua y con FPS 30 o superior. Aplícalo generosamente sobre toda la piel que no quede cubierta por la ropa, sin olvidar orejas, cuello, empeines y dorso de las manos.
El protector debe volver a aplicarse aproximadamente cada dos horas y también después de nadar, sudar abundantemente o secarse con una toalla, siguiendo siempre las indicaciones del envase.
El protector solar no debe utilizarse para prolongar deliberadamente la exposición. Su función es complementar las demás medidas de protección.
6. Protege los ojos
La radiación UV también puede dañar los ojos y favorecer problemas como cataratas. Utiliza gafas de sol que bloqueen entre el 99 y el 100 % de los rayos UVA y UVB o que indiquen protección UV400.
Las gafas grandes o envolventes ofrecen una mayor cobertura. No mires directamente al sol, ni siquiera usando gafas oscuras, porque hacerlo puede lesionar la retina.
7. Mantente hidratado
Durante los días calurosos, bebe agua con regularidad y evita esperar hasta sentir mucha sed. Busca un lugar fresco si aparecen cansancio intenso, dolor de cabeza, mareo, náuseas, calambres o confusión.
La hidratación ayuda a prevenir problemas relacionados con el calor, pero no protege la piel contra la radiación UV.
¿Cuánto tiempo hay que tomar el sol?
No existe una recomendación universal de 10, 15 o 30 minutos aplicable a todo el mundo. El tiempo necesario para producir vitamina D y el tiempo en el que puede comenzar el daño cutáneo cambian según el tono de piel, la edad, la ubicación, la estación, la hora y el índice UV.
Las personas de piel clara suelen quemarse con mayor rapidez, mientras que las pieles oscuras contienen más melanina y ofrecen cierta protección natural. Sin embargo, cualquier tono de piel puede sufrir daño solar y desarrollar cáncer de piel.
La regla más segura es no buscar deliberadamente una exposición sin protección para alcanzar una cantidad determinada de vitamina D. Es preferible disfrutar de la luz natural y de las actividades al aire libre evitando siempre el enrojecimiento y las quemaduras.
Si existe riesgo de deficiencia, un profesional puede solicitar un análisis de 25-hidroxivitamina D y recomendar cambios alimentarios o un suplemento cuando corresponda.
¿Qué personas deben tener especial cuidado?
Algunas personas son más vulnerables a la radiación o necesitan indicaciones personalizadas:
- Bebés y niños pequeños.
- Personas de piel muy clara o que se queman con facilidad.
- Quienes tienen numerosos lunares o antecedentes de cáncer de piel.
- Personas con familiares cercanos que han padecido melanoma.
- Pacientes con lupus, rosácea u otras enfermedades sensibles a la luz.
- Personas inmunodeprimidas.
- Quienes toman medicamentos fotosensibilizantes.
- Trabajadores que permanecen muchas horas al aire libre.
Entre los medicamentos que pueden aumentar la sensibilidad al sol se encuentran algunos antibióticos, diuréticos, antiinflamatorios y tratamientos para el acné. Conviene revisar el prospecto o consultarlo con el médico o farmacéutico.
Riesgos de exponerse demasiado al sol
El daño producido por la radiación ultravioleta es acumulativo. Puede ocurrir incluso sin que la piel llegue a quemarse.
Quemaduras solares
Las quemaduras pueden causar enrojecimiento, dolor, calor, hinchazón y, en casos graves, ampollas. Las quemaduras repetidas, especialmente durante la infancia y adolescencia, aumentan el riesgo de cáncer de piel en etapas posteriores.
Envejecimiento prematuro
La radiación UVA penetra en capas profundas de la piel y deteriora componentes como el colágeno y la elastina. Con el tiempo puede favorecer:
- Arrugas.
- Pérdida de elasticidad.
- Manchas oscuras.
- Textura áspera o irregular.
- Vasos sanguíneos visibles.
Cáncer de piel
La radiación UV puede dañar el ADN de las células. La acumulación de estas lesiones aumenta el riesgo de desarrollar carcinoma basocelular, carcinoma espinocelular y melanoma.
No existe un “bronceado saludable”. El cambio de color es una respuesta defensiva de la piel frente al daño ocasionado por la radiación.
Daño ocular
La exposición prolongada puede afectar diferentes estructuras del ojo y contribuir al desarrollo de cataratas y otras lesiones. La nieve, el agua y la arena incrementan la exposición porque reflejan parte de la radiación.
Golpe de calor y deshidratación
Permanecer bajo el sol durante mucho tiempo también puede elevar excesivamente la temperatura corporal. La confusión, el desmayo, la piel muy caliente, la dificultad para caminar o una temperatura corporal elevada requieren atención urgente.
¿Qué hacer ante una quemadura solar?
Si la quemadura es leve, aléjate del sol, refresca la piel con una ducha templada o compresas húmedas y bebe suficiente agua. Puedes aplicar una crema hidratante suave y evitar romper las ampollas.
Busca atención médica si aparecen:
- Ampollas extensas.
- Dolor intenso.
- Fiebre, escalofríos o vómitos.
- Mareo, confusión o desmayo.
- Signos de deshidratación.
- Quemaduras importantes en bebés o niños pequeños.
Una piel quemada debe mantenerse completamente protegida del sol mientras se recupera.
Vitamina D: sol, alimentación o suplementos
La vitamina D también puede obtenerse mediante algunos alimentos, productos fortificados y suplementos. Entre sus fuentes alimentarias se encuentran:
- Pescados grasos, como salmón, sardina, caballa o atún.
- Yema de huevo.
- Hígado, en cantidades moderadas.
- Leche, bebidas vegetales o cereales fortificados, según el país.
- Hongos expuestos a radiación ultravioleta.
Un suplemento puede ser útil cuando existe deficiencia, poca exposición solar, problemas de absorción o una necesidad especial. Sin embargo, no conviene tomar dosis altas sin indicación médica, porque la vitamina D puede acumularse y provocar efectos adversos.
Preguntas frecuentes
¿Es necesario tomar el sol sin protector para producir vitamina D?
No existe un nivel de exposición a los rayos UV que permita garantizar la cantidad necesaria de vitamina D sin aumentar simultáneamente el daño cutáneo. Las necesidades pueden cubrirse mediante una combinación de alimentos, productos fortificados y, cuando sea necesario, suplementos indicados por un profesional.
¿El protector solar impide completamente producir vitamina D?
En condiciones experimentales, el protector puede reducir la cantidad de radiación UVB que llega a la piel. En la vida cotidiana, sin embargo, pocas personas lo aplican de manera perfecta y uniforme. El posible efecto sobre la vitamina D no justifica exponerse deliberadamente sin protección.
¿Es necesario usar protector solar todos los días?
Se recomienda usarlo cuando la piel estará expuesta a la radiación solar, especialmente si el índice UV es de 3 o más. También deben considerarse la duración de la actividad, la hora, la altitud y las condiciones del lugar.
¿Los días nublados también pueden quemar la piel?
Sí. Las nubes pueden reducir parte de la radiación, pero no la bloquean completamente. Por eso es posible sufrir una quemadura en un día nublado, especialmente si el índice UV es elevado.
¿El sol recibido a través de una ventana produce vitamina D?
El vidrio común bloquea la mayor parte de los rayos UVB necesarios para producir vitamina D. Sin embargo, puede dejar pasar una proporción de radiación UVA, relacionada con el envejecimiento y el daño de la piel. Sentarse junto a una ventana aporta luz ambiental, pero no debe considerarse un método fiable para producir vitamina D.
¿Las personas de piel oscura necesitan protección solar?
Sí. La melanina proporciona cierta protección natural y hace que las quemaduras sean menos frecuentes, pero no evita completamente el daño solar, el envejecimiento cutáneo ni el cáncer de piel.
¿Tomar el sol ayuda a curar el acné?
No debe considerarse un tratamiento. El bronceado puede disimular temporalmente algunas lesiones, pero la radiación puede resecar e irritar la piel, favorecer manchas y aumentar el daño acumulativo. Lo adecuado es utilizar tratamientos específicos recomendados por un profesional.
¿Las cabinas de bronceado son una alternativa segura?
No. Las camas y cabinas de bronceado emiten radiación ultravioleta y aumentan el riesgo de envejecimiento prematuro y cáncer de piel. Un bronceado artificial no protege de manera suficiente frente a futuras exposiciones.
¿Cómo puedo saber si un lunar necesita revisión?
Consulta con un dermatólogo si aparece un lunar nuevo o si uno existente cambia de tamaño, forma o color, presenta bordes irregulares, sangra, pica persistentemente o se ve diferente de los demás.
Disfrutar del sol sin descuidar la salud
Pasar tiempo al aire libre puede beneficiar el ánimo, el sueño y la actividad física. Además, la radiación UVB participa en la producción de vitamina D. Sin embargo, estos beneficios no convierten en saludable una exposición prolongada ni justifican las quemaduras o el bronceado intencional.
Lo más prudente es aprovechar la luz natural, consultar el índice UV y combinar sombra, ropa protectora, sombrero, gafas y protector solar. Si sospechas que tienes deficiencia de vitamina D o presentas una enfermedad sensible al sol, consulta con un profesional para recibir recomendaciones adaptadas a tu situación.
Fuentes consultadas
- Organización Mundial de la Salud (OMS): Radiación ultravioleta y recomendaciones de protección solar.
- Oficina de Suplementos Dietéticos de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH): Vitamina D, información para profesionales de la salud.
- Academia Americana de Dermatología (AAD): recomendaciones sobre protector solar, vitamina D y prevención del cáncer de piel.
- Instituto Nacional para la Seguridad y Salud Ocupacional de Estados Unidos (NIOSH/CDC): efectos de la luz sobre el ritmo circadiano.